19 nov 2018

Casualidades



Las casualidades, esos meros sucesos que coinciden en algún momento, esas personas que por una u otra circunstancias armonizan el mismo lugar, el mismo tiempo, el mismo instante, ese encuentro de dos seres que concuerdan, sin saberlo, a verse de la forma más inadvertida y desprovista que hay.

-          Miraste quien está ahí – dijo Fernando, haciendo una mueca de señalización hacia la derecha.

En cuestión de segundos volteé y sí, ahí estaba ella, sí, Candelaria, volví a observar a Fernando, él estaba riendo de mi desgracia y haciendo un gesto con las manos que se burlaba de mi destino.

Las casualidades son así, cuando menos te lo esperas, aparecen de la forma más inescrupulosa posible, de todos los lugares del mundo, de todas las actividades posibles, de todos los domingos por la tarde, tú elegiste estar en mi lugar, en mi actividad y en mi domingo.

¿Qué hacías aquí? Me pregunté, era curioso que estuvieras aquí, yo que tantas veces te alenté a venir, que de todos los lugares que anduvimos nos faltaba este, pero tu negativa siempre fue latente y así el tiempo pasó entre nosotros y el tiempo lo dejó como pendiente. Pero hoy domingo por la tarde, en este pueblito tradicional de Tiabaya, donde aún se respira campiña por sus lares, tú estás acá, en esta actividad tan arequipeña y donde, sin duda alguna, más se respira el fervor arequipeño, en estas Tradicionales Peleas de Toro.

Me sentía Rick en la película Casablanca, cuando Ilsa Lund, por esas casualidades de la vida, entra al Café de Rick, ¡pobre Rick! Y pobre de mí en este momento, yo que ya no sabía casi nada de tu existencia, que ya ibas siendo tranquilamente olvidada con el pasar de los días, a pesar de ese encuentro desafortunado del Forum, esa discoteca tradicional del centro de Arequipa, donde un sábado por la noche, nos cruzamos entre el gentío, y a la marcha tuviste la gentileza de presentarme a tu nuevo chico, encuentro que no me sorprendió en lo absoluto, dada cuenta de los pocos lugares nocturnos existentes en la ciudad, las posibilidades de verte eran mayores; de ahí no había sabido nada de ti, hasta hoy, que sorprendentemente llegas a mí lugar.

Tal vez suena egoísta decir “mi lugar”, pero de todas las actividades de la ciudad, donde más me he sentido como en casa, son en estas Peleas de Toros, basta decir que nací sabiendo de ellas, de familia agricultora y ganadera, ni siquiera recuerdo la primera vez que acudí a una de ellas, pero en mi subconsciente siempre estuvieron presente, no solo ello, esos furiosos toros de peleas, grandes e imponentes fueron en mi niñez mis mascotas preferidas, de las que yo hacía cariños una tarde cualquiera en mi casa y ellos me devolvían un lenguazo en el rostro de forma recíproca, hasta que un día llegaron los municipales y nos dijeron que donde vivíamos ya era una urbe, que no podíamos tener animales de granja porque estaba prohibido y un día se los llevaron a todos.

También puedo decir mi lugar, porque en esas Peleas de Toros, se concentran la mayoría de agricultores que han labrado la campiña de este lugar, lo que aún hace bella a Arequipa, que han trabajado día a día para mantener a las innumerables familias arequipeñas que han vivido del agro, como la mía; en estos tiempos ya es inimaginable que esta ciudad un tanto cosmopolita, era un valle que se mantenía de la agricultura, pero lo era. En estas Peleas de Toros, van las familias enteras a pasar un domingo, a comer platos típicos o llevando los platos que aún se preparan en casa, se van reuniendo alrededor de esta tradición y donde más confluyen las rivalidades de las familias de los pueblos tradicionales, donde más te identificas con tu apellido y donde más hinchas por ese toro, que no representa solo a su dueño, sino a todo un pueblo tradicional.

Ahí están esos agricultores que empinan hasta la última cerveza bien entrada la tarde, ¡arequipeña siempre!, que si no es arequipeña, ni se te ocurra venderme otra cerveza, donde empiezan algunas rencillas que terminan en algunos puñetes y en algunos carajos y como escribiría Vargas Llosa, un verdadero arequipeño, digno de esa tierra, jamás rechaza una invitación a pelear, y ahí los ves, a puño limpio. También están ellas, las dignas damas arequipeñas, con sus sombreritos y sus botas de vaqueras, tan guapas ellas, que cuando se trata de alentar, hacen gala de su volcánica sangre y donde la igualdad de sexos calza a la perfección.  

Pero lo que no calza en esta tarde, es tu presencia, tan citadina y tan costeña, ya nunca pensé verte aquí, mis varios intentos de invitarte fracasaron sin más, pero tú que siempre das sorpresas, ahí estas, con tu chico nuevo, a menos de un par de metros de donde me encuentro.

Toda la tarde me la paso viéndote, tienes la mirada rígida hacía la cancha de peleas, en ningún momento, mientras te observo, haces el amague de voltear a tu izquierda, me esquivas de todas las formas posibles y sí, se nota cierta incomodidad en tu ser, no, para nada estas cómoda, no estas disfrutando de las peleas en lo absoluto, es tan raro estar a un par de metros y que no nos digamos nada, ni un saludo, ni una mirada.

Somos dos completos desconocidos, quien lo diría; ¿Cuántas veces pasa?, un día alguien muy cercano a ti, deja de serlo, cuantos momentos juntos, cuantas horas de por medio, cuantos saberes de cada uno, tanta profundidad en nosotros, tanta confianza, tantas risas y lágrimas y ahora somos un ser inexistente en la mirada del otro. Pero es normal, en el amor, en la amistad ¿a quién no le pasó?, que un día tuviste que alejarte de alguien porque ese alguien ya no debería estar a tu lado, una pelea, un malentendido, un sin razón o un motivo te llevan alejarte de ese ser tan cercano a ti, y quedan solo los momentos, tan solo los recuerdos, tal vez algunos no tan buenos pero quedan y otros, la mayoría, se van desvaneciendo en la memoria, y cuando años después tienes a esa persona al frente, a ese amigo, ya no es lo mismo, ni siquiera puedes entablar una conversación y tan solo es un momento incomodo que esperas que pase rápido porque no sabes que decirle, de que hablarle, que preguntarle, la ruptura es inquebrantable.

¿En eso nos convertiremos? En dos seres que en un momento dado se vuelvan a encontrar y lo que más deseen es salir de la incomodidad y no tropezar más, al menos esta tarde somos dos completos desconocidos y no creo que exista esa incomodidad entre los dos, tan solo estas con tu chico nuevo y no quieres generar incomodidades y por ninguna circunstancia vas a tratar de entablar alguna relación conmigo, ni un saludo, ni una sonrisa. Hoy prefieres evitarme, ignorarme, desconocerme, ¿lo harás siempre?

Estoy seguro que en el fondo y de alguna forma, tal vez, hasta deshonesta, me extrañas, ¿cómo no hacerlo? Si debo ser una de esas personas en las que más confías, a la que si podrías pedir un consejo, lo harías sin dudarlo, a la que te escucharía cinco horas en el auricular y pondría a cargar su móvil para seguir haciéndolo, a la que sabes que te quiere sin condiciones y ni siquiera se digna a verte con resentimientos, esa persona que celebra tus triunfos como nadie y que te engríe de tal forma, que te malcría, ese soy yo para ti, y por eso siempre estuviste tan cómoda a mi lado porque siempre te lo iba a celebrar, a mimar, aconsejarte, a tratar de corregirte y sobre todo, a verte feliz, y por esta última razón, ya no estoy a tu lado, no porque no haya contribuido a tu felicidad, al contrario, lo hacía siempre; sin embargo, tú no podías formar parte de la mía y eso es lo que más rabia te daba.

La tarde va transcurriendo, entre las peleas y la tristeza de haber visto perder a un toro amigo, el Indio Diablo, ver los rostros desencajados de los familiares dueños del toro, son de esas batallas que sabes que han terminado para siempre; la tarde continua, Fernando me pasa una cerveza, mi sirvo y volteo a tu salud y solo encuentro la mirada de tu chico, observándome.

Ya solo faltan dos peleas, en general ha sido una buena tarde, a pesar de la derrota del Indio, aunque debo confesar que mi mirada anduvo por otro lado, en Candelaria, la chica de las cejas partidas, la que descaradamente me ha distraído y que no me ha dado cara toda la tarde, pero sé que en mi distracción se ha quedado viéndome.

En un momento pasas de la mano con él, tu chico nuevo, no has esperado a la última pelea de la tarde, prefieres irte antes, me quedo viéndote, detenidamente pasar, no, no vas a voltear, hoy no, te sigues de frente, vas escapando de este encuentro desconocido, de esta tarde casual, voy viéndote alejar de las graderías, y voy deseando, que al menos ese chico que llevas contigo, te quiera la mitad de lo que yo te he querido, con eso basta.




16 sept 2018

Volverán las oscuras golondrinas...


He de marcharme otra vez, sabiendo que al aterrizar en otra tierra, en otro invierno, en un clima sombrío y nublado, recibiré una misiva tuya, sin mucho texto y puntualizando en el “adiós”, sabiendo que yo soy el que despega pero… tú eres la que marca la distancia.

Nunca sabré por qué lo tienes que hacer de la forma menos sutil, cobarde y simplificada que hay, un mensaje de Whasttsapp. Nunca te gustaron las despedidas, sobre todo sí yo soy ese que se va, pero por voluntad tuya; nunca pudiste mirarme a los ojos y decirme, Mario, no te quiero. Y no porque no me quieras, sino porque te llenaba de rabia saber que a ese chico que le decías que se vaya, era el chico que más te quería en la faz de la tierra, y eso, sinceramente, era muy descabellado, no el hecho que te quiera, el hecho que a pesar de eso, no quieras.

Ya me sabía ese final, sabía que al bajar del avión no tardarías mucho en decirme, no mucho, casi nada, pero suficiente para saber que era tu forma, otra vez, de decirme que me vaya, no porque estuviera a mil kilómetros de distancia de ti, porque ya lo estaba, sino porque ya no lo intentarías.

Sabiendo ello, no renuncié a mi viaje, que bien pude perder el avión y disculparme, pero sabía que era el destino, que solo en la distancia tendrías el valor de callarme solapadamente, porque estabas segura que ya no iba a decirte nada, ¿qué podría decirte?, si la idea no es cambiarte de opinión con argumentos, dramatismos, lagrimas o pena; todo lo contrario, la idea es que decidas en libertad, sin pensar en mí, sabiendo que lo que decidas es porque lo quieres, que te sientas libre y sin remordimientos, y si al final resulta que te equivocaste, no sería novedad, todos lo hacemos.

Para qué enseñarte mis lágrimas, mi suplicio, mi sufrimiento, no tiene sentido. Para qué quejarme o reclamarte, si las decadencias las forjamos nosotros y aunque el hierro te toque, la huella me la quedo yo.

Por eso me fui, para aligerarte tu contingencia, tus dudas, tu poca intención de seguir con lo casi nuestro.

Ya no tenía sentido decirte algo, a veces me quedo con esa sensación de que faltó decirte algo, que he callado algunas cosas, que no te lo he dicho todo, que tal vez si te doy una explicación mejor, cambiarías de opinión, te retractarías, cambiarías este final. Pero las cosas se dicen en el momento, nunca hay palabras exactas para tiempos determinados, los tiempos son únicos y si no lo dije es porque no fue su tiempo.

Buscar que te retractes, que lo sigas intentando, que te des un tiempo más, no es más que una especie de súplica, la añoranza de querer que te quedes, que no te vayas, que sigas ahí a toda costa; y cuando suplicas algo es cuando en verdad ya no tiene sentido seguir, la súplica no es más que el llanto de denigración de buscar misericordia de la otra persona, pero haría mal buscar algo que por propia voluntad no vas a dar, eso no es misericordioso.

No voy a dar discursos tontos de decirte que espero que seas feliz, ni tampoco quisiera escuchar los tuyos, de que merezco lo mejor, que soy el mejor y que curiosamente dejas ir al mejor, a veces no entiendo a las personas, con esa forma de apaciguar su culpa y desear lo mejor cuando te alejas de alguien, primero porque no debería existir culpa alguna, deberías sentirte bien contigo mismo, porque la decisión la tomas por ti, no por el otro; y segundo porque es estúpido decirle que quieres lo mejor para él, porque la otra persona, a la que estas dejando de alguna manera, está convencida que lo mejor para él o en mi caso, lo mejor para mí, eras tú.

Por suerte esta vez no lo has dicho, porque a estas alturas no había mucho que decir, has sido concisa y te lo agradezco; no has dicho esa estupidez de que encontraré a alguien mejor, alguien que merezca, alguien mejor que tú, porque tú eres ese ser maligno que irrazonablemente no debería querer. ¡Por favor! no hay seres malos, simplemente hay decisiones y depende solamente de qué lado del charco estas, no todos los tratados de paz apaciguan a las dos partes, no te sientas ese ogro, no tengas remordimientos, eres una persona normal, que tomas decisiones para su vida, no para la mía.

Ya pasamos por los por qué, por las lágrimas, por los te extraño pero es mejor que no, ya pasamos por muchas cosas; aún recuerdo mi viaje a Bogotá, el día que iba a partir, me escribiste y me dijiste ¿no nos vamos a despedir?, viniste a despedirte, yo estaba muy ilusionado con lo nuestro o mejor dicho, con lo casi nuestro; lo único que odiaba de ese viaje era que no nos íbamos a ver por unos días, que te iba a pensar todo el rato, me hubiera gustado que viajaras conmigo pero no se dio. Esa fue la primera vez que sutilmente y a manera de Whasttsapp, a kilómetros de distancia, me dijiste que no eras para mí, que aún no curabas las heridas de tu ex, que querías un tiempo para ti, que no querías a nadie, esas cosas que uno dice para tratar de salir de la situación, esa vez si fue distinto, esa noche si pasé horrores en la soledad de mi habitación, lloré hasta decir basta y te pregunté mil veces por qué, fue una pésima noche, de las peores, pero soy consciente que si no hubiera pasado por eso, hoy no estaría tan tranquilo, a veces uno tiene que pasar y desgastarse en lo mismo para entenderlo, no hay consejo que valga si no lo vives, y nosotros ya habíamos trajinado en lo vivido.

El bus del aeropuerto me ha dejado en la esquina de un hotel en Miraflores, a medio recorrido del bus, me había llegado tu misiva, la esperaba, por supuesto que sí, lo he tomado con calma, es algo que se venía venir, el momento ideal para no afrontar las cosas cara a cara y decírmelo de esta manera, lejana y cobarde.

He sacado el celular y he puesto el Google Maps para que me indique exactamente qué tan lejos estoy de mi destino, unas quince cuadras aproximadamente, he decidido caminar jalando mi equipaje de rueditas, es bueno caminar en esta noche húmeda, aspirar un poco el dolor del adiós, es cierto que me encuentro tranquilo, que ya no voy a decirte nada más pero que de todas formas, duele, duele cada pasado que voy dando y así vamos cerrando un ciclo, un tiempo, que ya acabó.


2 sept 2018

La felicidad ja ja


Hace unos días vi un video, fácil muchos lo vieron, desde la ventanita del avión alguien filma al muchacho encargado de subir las maletas y quitar los conos de seguridad, ahí está el muchacho, retirando el cono de seguridad y en vez de llevarlo y ponerlo encima de los otros, él trata de encestarlo en la torre donde están los otros, ¡y lo logra! Lo lanza y lo encesta, hace una señal con los brazos y levanta las manos en señal de victoria, se le ve muy contento, tras tremenda encestada va corriendo levantando las manos en señal de celebración y se tira en la tolva del carrito de las maletas; él no tiene la menor idea que alguien ha inmortalizado su hazaña en ese video, que alguien lo ha pillado saliendo de la regla y que en ese acto juguetón, en estricto está rompiendo los protocolos de seguridad aeroportuarios, ¡pero qué más da! Ha encestado el cono, lo ha logrado, ¿Cuántas veces lo intentó? ¿Cuántas? O fue la primera vez que se salió de la formalidad y en un tiro de suerte le dio al blanco, no lo sé, pero en ese acto minúsculo de celebración se le nota todo el triunfo, tal vez no sea ningún campeonato deportivo, tal vez no sea un gol en la final del mundial, es un acto de un muchacho jugando a encestarle al cono y tras de sí, un momento de felicidad, y es lo que vale, es la verdadera conquista, ser feliz.

He visto el video muchas veces, me ha dejado un sabor de alegría y risa, una esencia de estar contento con el triunfo del muchacho; tal vez pueda parecer un video más para pasar el rato, indudablemente lo es, uno más del me gusta y del compartir, porque hay que reírnos un rato con algún videíto y este sin duda lo es;  pero es más que eso, es un momento en la vida del muchacho en el cual ha sido feliz y sí, hay que detenernos en eso, porque uno puede tener muchos problemas en la vida, puede que uno no tenga el mejor trabajo del mundo, viva con lo justo para llegar a fin de mes o tu esposa te ha dejado porque encontró el amor después de ti, pueden ser muchas cosas que te encierren en la oscuridad y en la incertidumbre pero basta un acto distinto en tu vida, un acto que rompe con la continuidad para sonreír, y no es solo una alegría, es un “acto de felicidad”, ese acto en que los doctrinarios y teóricos le han dado muchas vueltas para hallar durante siglos, para buscar una estabilidad constante y trascendente del ser, esa que te dicen mil y un veces que tienes que  encontrar, tu dizque verdadera felicidad, pero que equivocados estamos en buscar esa “trascendencia permanente” cuando los podemos encontrar en actos sencillos, tal vez poco convencionales, tal vez como jugando en darle al cono.

Y tal vez tú no lo entiendas, no entiendas mi molestia del otro día y solo sepas agradecerlo  mil veces; me comentaste que tenías que estar en un almuerzo y me ofrecí llevarte, llevarte a comprar unas cosas para la casa, después a la casa de tu madre y después al almuerzo y aunque a mí no me pareció la gran cosa, el sol agobiante, el trafico caótico, las pistas tiras y el tiempo perdido, a ti te pareció mucho gesto de mi parte.

Te fui a recoger del mercado de la Antiquilla, ese barrio tan bonito y tan arequipeño, con casi todas sus fachadas de sillar, tan antiguo y tan preservado, te vi andar por esa calle, y me voy a permitir describirte en el paisaje, porque yo te vi en el paisaje, mejor dicho, fuiste el paisaje. Ese espacio natural admirable por su aspecto artístico que indica la RAE, te vi andar, con la melena suelta y un tanto esponjosa, medio castaña clara con grisáceos negros, con tu tez blanca matizada con esos ojos claros, muy claros, muy de felina, un collarcito negro en tu cuello pulcro, tu figura delgada abrigada con un jersey negro algo suelto y un jean ajustado con rayas a la altura de la rodilla, te vi andar en dirección al firmamento, tan guapa y tan desenvuelta, como si el cosmos conjugara a la perfección en unos simples pasos, tus pasos.

Podría sonar muy exagerado, muy enamorado, pero yo te vi andar tan indescriptible que aunque haya intentado hacerlo, muy poco he tecleado para tan bello paisaje.

En el camino me preguntaste que tal estabas, tan solo atiné a sonreír y a decirte bien, escuchamos algo de música, charlamos un poco y el tiempo pasó deprisa, en cuestión de minutos y cumpliendo con el itinerario, ya estabas bajando del auto, algo tarde, para entrar a tu almuerzo; en todo el trayecto y aunque no sea muy bueno manifestándolo, estaba feliz que estuvieras a mi lado, bastaba con que hablaras algo, que a ratos solo repitamos las letras de las canciones, bastaba un trayecto automovilístico cotidiano y sin mucha trascendencia, para darme cuenta, que en el mundo no solo existían actos que te hacían felices, también había personas, que con su sola presencia, con su desprovista y sencilla imperfección humana, te hacían feliz, gracias por ello.

Link video:

2 abr 2017

La distancia que nos separa


Ahora que quisiera acompañar este texto con alguna foto de ese domingo, me veo con la sorpresa que no tomé ninguna desde mi celular. No tengo fotos de aquel día, en ningún momento saqué el móvil para capturar los parajes de aquel domingo entre nosotros, no lo necesité, fueron varias horas entre tu compañía, el silencio y la naturaleza los que albergaron un momento que en tus palabras lo sentenciaste como un “lindo día”.

No es que no haya tomada ninguna foto, todo lo contrario, te pedí que sacaras tu cámara fotográfica y apenas al bajar del auto, ya en la placita de Chiguata, activé el lente para dar rienda suelta a mi instinto de fotografiar todo lo artísticamente posible, por eso sales en varias de ellas, porque tú eres lo más artístico que he fotografiado, aunque a veces me regales esa cara de poto con su letrero “deja de tomarme fotos” o tenga que empujarte al paisaje para que tú también salgas en él. 

Mi celular empieza a marcar, me contestas con esa voz entre sorprendida y preocupada, temes que ya este afuera de tu casa y sea mi enojo el que tenga que esperar que te alistes, sin embargo, yo también me he quedado dormido y mi llamada es solo de prevención, que salgo en 20 con dirección a tu casa.

Te has subido al Chevrolet azul, te he propuesto ir primero al súper de la plaza de armas a comprar algunas cosas para nuestro día de paseo, que te gusta más el mango pero yo adoro el maracuyá, por eso hemos adquirido los dos jugos para conciliar nuestras posturas hidratantes. Aprovechamos tomar un café en esa sanguchería de la calle Mercaderes, que cada vez te gusta menos; fue de ese lugar la primera vez que te llevé un sándwich a manera de lonche, almuerzo y cena en tus días totales de interminable sufrimiento en la universidad.

Terminado el café, vamos a buscar el carro al estacionamiento para en rumbar a ese distrito tan arequipeño y tan cercano al Misti pero poco conocido por la mayoría de arequipeños, Chiguata tiene una iglesia de sillar del año 1540, sillar traído desde las canteras de Añashuayco, una plaza bien simpática, algunas picanterías que abren los domingos y algunas casitas a su alrededor. Mientras vamos caminando por alguna de esas callecitas de tierra y guano, voy capturando algunos momentos de tu juventud, esa que me ha enamorado desde hace mucho y que se ha ido hilvanando entre mis venas, porque te mentiría si te digo que en estos cuatro meses de lejanía no te has pasado ni un solo día por mi mente.

Vamos platicando de todo, hay tanto de que hablar, tanto de que contar y mientras nuestras voces se cruzan en telegramas informativos de risas inmediatas, vamos subiendo un cerrito para poder coger el paisaje completo del pueblito de Chiguata, su campiña y sus andenes. Me cuentas que te fuiste a Cuzco por unos días, eres piadosa al decirme que te fuiste sola, no te lo refuto pero en el fondo sé que estuviste con Manolo, que caminaste con él por algunos parajes que nosotros habíamos hecho nuestros, me pregunto si te acordabas de mí y si tenías esa hidalguía, tan tuya, de mencionarme y repetir una y otra vez mi nombre.

Sé que fuiste al “Mirador” donde se ve la esencia de la ciudad incaica, ese rinconcito al cual volveríamos siempre, en cada viaje que vayamos, indistintamente de nuestras compañías o nuestras soledades. Lugar en que te di el primer poemita que te escribí, que prometiste publicar en tu red social pero que se traspapeló entre tus sentimientos de inseguridad.

Ya vamos llegando a la cima del cerrito, bromeas con mi físico, y tienes razón, cuesta subir con esos kilitos demás, que por cierto, tú también traes, perdón por la infidencia.

No sé cómo me he postrado en una roca con dirección al horizonte, desde la cima se puede percibir la inmensidad de la vida, la simpleza de las cosas… los campos, la torre de la iglesia, las casitas con calamina, uno que otro corral en la llanura. Tú te has quedado detrás de mí, sentada en otra piedra, contemplando el silencio, es tan bello todo desde acá arriba, que por algunos minutos nos quedamos callados para percibir esta paz que sentimos. No he volteado a verte, pero me siento tan seguro que estés detrás, cuidándome las espaldas, siempre observando mis movimientos, mis equivocaciones, mis reiterados errores. Me gustaría que siempre estuvieras ahí, guardiana de mi camino, y que mientras yo voy enrumbando el horizonte nubloso que nos presenta la vida, tú seas el apoyo constante para encontrar el sol.

También aprovechas un instante para observarme… sí, el chico que tienes delante, no sabes cómo te sigue queriendo tanto, a pesar de las intermitencias, de los malos ratos, de tus indolentes desplantes, sigue ahí, increíblemente, sigue ahí. Y te das cuenta que lo extrañaste todos estos meses, que muchas veces tuviste ganas de escribirle por el WhatsApp para contarle algún hecho que sabías que le iba a gustar, se iba a reír o simplemente te iba a decir “te lo dije”; en muchas ocasiones te habías acordado de él, porque aunque nunca lo admitas, lo querías pero… siempre un “pero” era la distancia que marcaba en definitiva su confín entre los dos.

En ese momento me da ganas de voltear y decirte algo, pero todo anda silenciosamente bello, que no sé qué podría decirte para que suene igual de bello; me dan ganas de llorar, de decirte que no fueron fáciles estos meses, sobre todo las primeras semanas, esa sensación de añoranza por alguien que has perdido y que sabes que no va a volver, esa sujeción de buscar abrazarte en las paredes de mi habitación sabiendo que no estás. Sin embargo, ya no tiene mucho sentido decirlo, cuando estas acá, a dos metros a mis espaldas, que no estoy entre paredes sino en todo este panorama inmensamente natural y abrazador.

Ya vamos descendiendo, dudamos del camino de retorno, tú con tu poca orientación y yo siempre con las ganas de seguirte, por más que no sea el camino correcto. Volvemos a la plaza del pueblo, entro un rato a la iglesia mientras tú deambulas por las banquitas del parque, subimos al carro y nos dirigimos a un bosque de eucaliptos, paseamos en él, encontramos algunos hongos, te sorprendes porque nunca habías visto uno, y a mí todavía me sorprende tu afirmación.

Me dejas tomarte algunas fotografías en el bosque, dale, regálame una sonrisa, y me sacas el dedo del medio, tú siempre tan romántica; volvemos al auto para sacar la mantita y las bolsas de comida para hacer nuestro camping, preparamos los sándwich, tomamos los jugos, un poco de fruta no está nada mal, aun no entiendo como no te puede gustar el melón y terminamos con nuestro postre, muy a producto Gloria. Mientras tanto, voy enseñándote ese jueguito de mesa del gran Uwe Rosenberg y ya en la segunda partida me vas ganando, esa habilidad tan tuya de aprender rápido los juegos, ¡vamos por la revancha!

La tarde se va adelantando, la percepción del frio va en aumento y algunas gotitas de este clima serrano nos han caído al rostro, ya va siendo hora de volver, te voy contando algunas cosas en el camino de retorno y tú me vas preguntando otras. Qué rápido pasa el tiempo entre nosotros, ¿Cuántos domingos nos quedarán?, cuántos por descubrir nuevas cosas, conocer nuevos lugares, vivir nuevas experiencias, esta forma tan nuestra que tenemos de  aburrirnos inútilmente.

Ya vamos divisando la ciudad, se puede apreciar  las grandes ranuras de extensión que va teniendo por doquier, y mientras nos acercamos por la carretera, también nos vamos topando con la realidad, esa que ya no es mía, y que no son las casitas de esteras sin pistas ni veredas, es algo más punzante, porque allá abajo te espera Manolo, tu chico.


24 jun 2016

No defraudemos al Perú


Publicado el 07/06/2016, conmemoración de la batalla de Arica, en la página transformandoelperu.org.pe


Keiko: “En elecciones de 2021 no habrá ningún candidato presidencial que se apellide Fujimori"

Kenji: "La decisión es mía: sólo en el supuesto negado que Keiko no gane la presidencia, yo postularé el 2021"

Y así el congresista más votado no fue a cumplir con su deber cívico, cuando quieres el poder, no hay hermanos, no hay familia, no hay mamá, no importa si las elecciones andan muy reñidas, casi apretadas, casi “fraudulentas”, casi cuestionables. Prima el egoísmo, si su hermana fracasa Kenji apuñeteará ser el abanderado para el 2021, tendría los motivos suficientes, “fracasaste dos veces hermanita”; tiene los mismos méritos para candidatear y ya no secundar, apellida Fujimori, maravilloso regalo político para escalar a ser el líder, esa herencia bendita de recibir la política sin mover las manos. Gracias Alberto.

El actuar de Kenji, por más “ocupado” que estuvo, solo demuestra las rencillas internas de un partido, el más poderoso, de estos tiempos en nuestro Virú. Lo callaron después de esas declaraciones, lo dejaron al margen y a nadie le gusta eso. 

Kenyi manifiesta ese egoísmo alturado por tentar el poder y que democráticamente demuestra. Pero de apoyo, confraternidad, unidad, no queda nada, ¡no hay hermana que valga! ¿Cómo puedes pretender ser candidato de un país? Sin ni siquiera mostrar compromiso por los tuyos.

Está claro que si eso pasa en el clan Fujimori, ¡imagínate! como estamos con las tensiones de estos resultados, hubiera sido preferible un triunfo distante, de cualquiera de las partes, a llegar a una situación tan estrecha que va a generar más de una reacción conflictiva, basta que alguien gane por solo un voto y tenemos humo blanco en la casa de Pizarro, ¿todos lo entenderemos así? El Perú se fragmenta y mucha hidalguía de aceptar los resultados no va existir. 

Hemos llegado a este desconcierto político, gracias a este egoísmo peruano de dilapidar los pocos partidos políticos que quedan, un ego inmenso de nuestra clase política, que ha degenerado en caudillismos que duran, sino es por herencias, por vidas efímeras. Casi 200 años y seguimos sin construir identidades e instituciones sólidas, pero hay verdades que se repiten, como lo dijo Bolognesi: “Dios va a decidir este drama en que los políticos que fugaron y los que asaltaron el poder tienen la misma responsabilidad. Unos y otros han dictado, con su incapaz conducta, la sentencia que nos aplicará el enemigo.” En la conducta y el actuar de nuestros políticos quedará la herencia con la que llegaremos al bicentenario, comprobando que no hay amor entre nosotros si aún tenemos enemigos entre los nuestros.

Pocos Bolognesis quedan en nuestras altas esferas, sin embargo, nosotros busquemos ser un héroe peruano, que la política no va a cambiar nada, si entre nosotros nos seguimos reclamando; demostremos unidad, consenso, patriotismo, que ya fue suficiente con masácranos por Keikos y Ppks. 

Busquemos ser correctos ciudadanos, que es una forma más efectiva de mejorar el país, porque si esperamos a que los políticos lo resuelvan, moriremos con la añoranza de que pudimos recuperar Arica, que Velazco “sí la hacía”.

“Esta será seguramente una de las últimas noticias que te llegarán de mí, porque cada día que pasa vemos que se acerca el peligro y que la amenaza de rendición o aniquilamiento por el enemigo superior a las fuerzas peruanas son latentes y determinantes. Los días y las horas pasan y las mismas como golpes de campana trágica que se esparcen sobre este peñasco de la ciudadela militar, engrandecida con un puñado de patriotas que tienen su plazo contado y su decisión de pelear sin desmayos en el combate, para no defraudar al Perú… Nunca reclames nada, para que no crean que mi deber tuvo precio. Bolognesi


19 abr 2016

Ícaro se llevó mis alas


Extraño hasta el pufi pufi
Que salía de tus labios
Con esas burbujitas
De ternura
Que se rompían
Antes de llegar
A mis pómulos

Extraño hasta tus amenazas
Que si te digo un piropo
Que si te robo un beso
Que si conjugo la frase
Más linda del mundo
Para soltártela
Cuando te alejas

“Que no las diga más”
Que siempre detuviste
Mi corazón
Con la soga en la arteria
Para no bombear
Mis ganas de amar

Hasta cuando decidiste volar
No despertaste mis alas
Egoísta de Ícaro
Me dejaste a lo Dédalo

Tal vez querías cuidarme
Que mi caída no sea dura

El miedo de traicionarme
Cuando mis alas
Se paren
Pudieron más

Tal vez una mano
No ibas a dar

Pero te olvidaste
Que siempre te quise libre
Nunca quise agarrarte
Si es que tú ibas en picada
No porque no te quiera
Al contrario, te quiero.

Si caías
Tú tenías que volver
Y atreverte otra vez
A saltar y aletear

Sin embargo tú
Me dejaste dormir
Decidiste
Que volar no era para mí

No me quisiste libre
Entiendo
Fue una forma de protegerme
Y ahora que duermo
Egoísta...

Te sueño.




29 mar 2016

Paulina y Edgar

Boquía-Salento

-              ¡Hijueputa! –  Le soltaba Paulina a Edgar, en esa pelea entrelazada por los cuerpos amantes.
-          Malparida – Le contestaba Edgar, en la sensibilidad de la noche los grillos retumbaban el valle.
-          Suéltame Edgar, me está doliendo – Y Edgar la sujetaba más fuerte, mientras un cuerpo estaba encima del otro.
-          Es en serio Edgar, ¡ya suéltame! – Él hacía su cuerpo a un lado para dejarla libre. Ella respiraba el momento para saltar encima suyo y llenarlo de improperios –  ¡Eres un tarao! – Arremetía Paulina.

La rutina de insultos y caricias grotescas ya llevaba varios minutos, haciendo tambalear la carpa en la cual había tres personas más, Raúl, a lado de la pareja, Nicolás, a lado de Raúl y yo (Mario), al final de la carpa.

Mientras Raúl tomaba el pisco peruano que le hacía entrar en calor, Nicolás trataba de hacer funcionar sus megas para comunicarse con su novia arequipeña a kilómetros de distancia y yo trataba de concentrarme en la lectura de mi Kindle –la última novela de Juan Gabriel Vásquez-  pero veía de reojo a Paulina y Edgar y no hacía más que sentir envidia por ellos, porque hasta cuando se peleaban se querían y el enojo de Edgar era una forma de decirle “te quiero.” Y yo tenía muchas ganas de querer así.

-          Ya estarse quietos malparidos – gritaba Raúl – me voy a poner en el medio de ustedes dos, así no se puede marica.

Yo dejaba de lado el juicio de Rafael Uribe Uribe que describía Vásquez en su novela, para verlos y echar una gran carcajada, esa pareja de atolondrados me divertía, hacía sentir vivo su amor, me gustaba sus formas, esas nada caballerosas que tenían de quererse.

Estábamos en Boquía, una zona de camping en el hermoso valle del eje cafetero, todo era tan tranquilo, me sentía feliz por acampar después de muchos años, renunciando a las comodidades de un colchón, una pared y un foco. Nada como estar incomunicados, sin wifi que me conecte a los míos, allá a kilómetros de distancia, salvo por una excepción, quería saber de Sol, quería comunicarme con ella un ratico, preguntarle cómo estaba.

Pero más que eso, me hubiera gustado que estuviera aquí, en este valle de ceja de selva, que nos recibió con un gran estruendo de aguacero apenas bajamos del bus y con el transcurrir de minutos se había despejado, pero ella no lo estaba y tampoco había medio por el cual yo podría comunicarme, quizás podría pedirle megas a Nicolás, pero sentí que nos haría bien estar incomunicados algunos días.

-          ¡Hijueputa!  ¡Mis orejas! –  gritaba Paulina –. No había forma de seguir con la lectura, ellos me cautivaban con sus modestas formas de jugar.
-          No me pongas las medias en la cara Pau – rechinaba Edgar.
-          Me acaloro, me acaloro – de pronto soltaba Raúl.
-          Mario mézclate más por favor – decía Nicolás.

Yo buscaba la sprite y el pisco para sacar una rondita más.

Mientras la temperatura del pisco hacía sus efectos en Raúl, la pareja se iba calmando después de la furibunda pelea romántica, a Nicolás se le iban las megas con un último mensaje. Todo ya parecía dormir en la carpa. De pronto el cierre de la carpa ¡se abrió! Todos miramos y una brisa de aire entró y el silencio se apoderó de todos.

-          ¿y eso? – dije yo.
-          No sé marica –  dijo Raúl.
-          Un espíritu – dijo Nicolás.
-          Se bajó el cierre nomás – argumentó Paulina.
-          Anda hijupueta, alguien abrió ese cierre – sentenció Edgar.

Nadie se paró, esperábamos que alguien entrara, no había ningún ruido fuera de lo que la naturaleza nos daba.

-          ¿Quién va a ver? –  dijo Nicolás.

Algo de miedo había en el ambiente, nadie dijo yo, nos quedamos callados por algunos segundos, el cierre se había bajado unos 30 cm de un solo tirón, como si alguien lo hubiera impulsado.

Desde hacía rato tenía ganas de salir a orinar y fumarme un cigarro, así que les dije a los demás que yo iría.

-          Con cuidado hijo – me dijo Raúl.

Salí con algo de temor de la carpa, busque mis zapatillas que reposaban ahí afuera, me las coloqué, miré un vistazo alrededor y no había nada, caminé unos metros para poder orinar, mientras lo hacía me quedé viendo la luna amarilla, completamente despejada, y las estrellas, las tres Marías o los reyes magos, terminé y me alejé unos pasos, el miedo se había dilucidado, saqué un cigarrillo de la caja y empecé a sacarle humo.

Volví a ver las estrellas y me acordé de Sol y la orilla de la playa, a casi nada que había terminado el verano; recordé esa noche en la oscuridad de la mar, ya hacía más de un mes de aquello, abrazando a Sol por la cintura, mientras buscábamos distintas imágenes en ese cielo nocturno, tratando de buscar alguna forma nueva y de pronto ella me dijo, “ves ese corazón”, y ahí en lo alto del firmamento las estrellas dibujaban un corazón nítido formado por los astros ardientes.

Busqué y no había nada que dibujara ese corazón estrellado, pensé en ella, más que nunca, y la extrañe de forma irreversible, y mi corazón lo sentí a cientos de kilómetros con ella, porque ahí había decidido que descansara, en el firmamento de su mirada.

Termino el cigarrillo y decido regresar a la carpa, nadie me ha esperado, nadie pregunta que fue, ya todos duermen.

24 nov 2015

Tu fotografía


Me quedo con esta foto, de todas las de su viaje, elegiría esta, me gusta también la que se baña con las tortugas, bueno una de las tantas que aparece con las tortugas. Pero claro, prefiero esta, la que aparece sola, sentada al borde del cerro, con la pose de una reina que observa el infinito mar, tal vez deba ser la foto más escenificada, la cual tu decidiste tomarte apenas llegaste a Máncora, la más artística también… pero muy mal enfocada ¿Quién la tomó? El ángulo es el incorrecto, el paisaje se pudo explotar mucho mejor.

Ahí abajo el balneario de Máncora, no ha cambiado mucho desde el año que fui, la carretera panamericana norte cruzándola, los hotelitos que la componen, con sus piscinas o con sus cuartos comunes, de todo hay y para todos hay, unos arbolitos por ahí y al fondo el pequeño malecón y su ancho mar.

Una foto siempre captura el momento, la imagen en general, y cuando le echas un vistazo atrás, te muestran un recuerdo de ese acontecimiento, de lo vivido por ese entonces, acá unos años la mirarás y recordarás ese viaje, esos amigos, esas aventuras, la primera en plena libertad, nadie te controla, nadie que te exige llegar a la hora. Por lo demás, es una foto simplona, no es de esas obras de arte de la fotografía que capturan el sentimiento, la expresión, las que solo al verlas te comunican, ¿y por qué esa entonces? Si al parecer no dice nada, si la pose de la persona es estática, al lente no le dan los megapíxeles para redibujar su rostro y el cuello es rígido, que acompaña esa pose rigurosa, nada natural.

Porque es la continuación de esa imagen la que me atrapa, la parte que no se ve, en la que se posa tu mirada, que acompaña la orilla infinita, esa que el mar acaricia suavemente, diligentemente, como cuando pasas el tacto por un cuerpo y sientes la textura de esa piel y sus recovecos.

Me atrapa el reflejo del mar en tus pupilas, las que no puedo ver y solo imagino, es ahí cuando disfrutas el esplendor de tu viaje, con la brisa que te llega a cuenta gotas y es el viento el que da un respiro de oxigenación a tanta temperatura. Ahí disfrutas la totalidad del viaje, te calza la libertad de la vida, qué más puede haber después de esta cima… y por un segundo el silencio te embarga, en la concentración de esa reflexión trascendente.

Es en ese preciso momento de silencio puro que la nostalgia te abraza, que el miedo renace, que la tranquilidad embravece, porque has llegado a la cúspide de la libertad que ansiabas, y por eso mismo sabes que tendrás que descender sola, atravesando la orilla de la incertidumbre.

Tal vez así sea la vida, momentos mal enfocados, que pueden pasar desapercibidos en la inmensidad del océano, nada artísticos, nada para colorear; tal vez la foto te lleve al recuerdo de ese instante… pero tus pupilas, por un momento, te llevaron a la infinitud de la vida.



26 may 2015

Censurado en mi querida Arequipa

 

Hace unos días en la página de Facebook de “mi querida Arequipa” publicaron un video que titula “por corrupción expulsan a SOUTHERN de España”, al ver el video y ver el canal televisivo que propagaba esta noticia “Telesur” hice un comentario que fue el siguiente: “jajaja ¿Telesur? el canal del presidente Maduro”, minutos después mi comentario fue borrado y me inhabilitaron hacer comentarios en dicha página.
Adjunto el screenshots  donde aparece que solo tengo la opción “compartir” y "no" la de comentar:
 

He de pensar porque se me inhabilitó hacer comentarios en dicha página:
Para empezar la página muestra claramente su posición en contra de la mina y a favor de la agricultura del valle del Tambo, lástima que una página que fue creada para “la información de eventos sociales, culturas, educativos, empresariales y otros de interés público, que se desarrollan en Arequipa.” Sea politizada y utilizada con un fin distinto del cual fue creada, engañando a las personas que pensaban que era una página cultural y utilizando un nombre “Mi querida Arequipa” para socapar una posición política que no tiene nada que ver con la supuesta finalidad de la página.
 

¿Por qué mi comentario fue borrado y fui inhabilitado de comentar?
Mi comentario hacía referencia a la fuente de la noticia, “el canal Telesur” es una compañía pública financiada principalmente por el gobierno venezolano y que su sede principal queda en la ciudad de Caracas, que sin duda tiene una posición muy acorde con el “socialismo del siglo XXI” que predica el gobierno actual venezolano, esto quiere decir: “no inversiones privadas ni mucho menos extranjeras”. Por lo tanto, dicha noticia carece de objetividad y solo hace mención de lo que puede sacar provecho.
Todos sabemos la política que ha tenido el chavismo contra los medios de comunicación de su país “te pones de nuestro lado o te hacemos imposible tu existencia” ¿no se les hace parecido el gobierno de Fujimori?
Es por ello que ahí va mi primera conclusión, en un mundo tan globalizado y en el que cualquier persona puede hacer uso del internet para subir cualquier noticia (sin saber en verdad el fin que busca), es nuestro deber como internautas, no solo contentarnos con la primer noticia que vemos sino que debemos buscar distintas fuentes y saber de qué fuente proviene dicha información y que sustento real hay en dicha noticia. Busquemos siempre la objetividad y no nos dejemos llevar por posiciones convenientes, que lo único que hacen es confundir y engañar a la población y en vez de esclarecer las cosas terminamos complicándolas.
¿Les habrá dolido que mencione a Maduro? ¿Por qué? son ustedes verdaderos ecologistas que luchan contra la contaminación mundial o son pseudo-ecologistas y en verdad pregonan el “socialismo del siglo XXI” de forma disfrazada.
Qué pasaría si les decimos que Southern no va, que el Estado ha decidido darle al pueblo “Tia Maria”, que desde hoy se tienen que inscribir y formar asociaciones para que sean ustedes los que dirijan desde mañana la mina, ¿seguirían en contra de la mina o apostarían por ustedes mismos?
¡No quieran disfrazarse de algo que no es! Son socialistas que están en contra de inversiones privadas y extranjeras o en verdad son personas preocupadas por el medio ambiente. Sean claros y no quieran encubrir sus verdaderas intenciones.
Porque de ser el caso, que son verdaderos ecologistas, nunca los he visto marchar en contra de las invasiones que se producen en Arequipa día a día, que de forma desordena y no planificada se apropian de eriazos que han sido planificados, desde la década de los 80, para irrigaciones agrícolas. ¿O acaso la agricultura no ayuda a preservar el medio ambiente?
Sin embargo, son esos agricultores echados a su suerte, los que día a día luchan en mantener esos terrenos, destinados a la agricultura, para que no sean ocupados por traficantes de terrenos. ¿Por qué no los ayudan? Y con ese ímpetu, que han demostrado en el valle del Tambo, luchan por una Arequipa mejor o será acaso que como no hay grandes cantidades de dinero de por medio o distintos intereses políticos, no les interesa.
 
Nota:
Quiero dejar en claro, que si hay verdaderos ecologistas, preocupados por el cambio que se podría generar con las miles de hectáreas del valle de Tambo, que buscan que la minera ponga verdaderas condiciones ambientales para que estas tierras no se vean afectadas.
 
Dejo enlaces de noticias, de esos agricultores arequipeños, que luchan para que la agricultura en el “valle del Chili” no desaparezca:
 

12 may 2015

Si yo salto, ¿tú saltas?

 
He deambulado ignoto en el lugar de mi estancia habitual, he prendido la TV haciendo un zapping brusco por todos los canales sin encontrar nada, lo he vuelto apagar y tras unos segundos de revolcarme en la cama buscando una posición adecuada que nunca va a llegar la he vuelto a prender, me he levantado resignado a que el sueño no va conmigo, dirigiéndome al escritorio a buscar el ordenador, lo prendo y reviso algunas páginas de noticias, busco algún artículo interesante que leer o por ultimo algún video gracioso en youtube, nada que me satisfaga, no me siento cómodo en mi propio departamento, quiero salir de aquí.

Es más de medianoche y en unas seis horas tendré que tomar una ducha, ponerme un terno y dirigirme a la fiscalía a revisar interminables expedientes… lo sensato es buscar el sueño, pero no me viene, ando intranquilo sin poder dejarme por un momento, más tenso me vuelvo cuando me enfoco en mí, como si mi ser se encontrara en un trampolín de 90 metros y la única manera de salir de ahí es lanzarme a la piscina que anda en reparación; no lo voy hacer pero tampoco quiero estar parado ahí viendo el vacío sin poder hacer absolutamente nada, viendo que el tiempo carcome mis músculos, que el cansancio disipa cualquier actitud marcial y que el sudor muestra la crisis de mi estructura, no quiero mantenerme en el trampolín, no aguanto más… pero no voy a saltar a menos que la pileta ya ande en funcionamiento y el agua me abrace en su inmensidad.

Me acerco a la estantería de libros, tal vez releer Travesuras de la niña mala sea una buena opción o distraerme con la caricaturesca Maus pero agarro Hombres sin mujeres de Murakami y me voy a la sala de estar, he avanzado el primer cuento y no puedo seguir con el segundo, voy repitiendo tres veces la misma página y no me queda nada, tal vez la traducción del japonés está mal hecha, pero no es eso, no puedo hilarme con la historia y no es el libro, para nada, es esta sensación de inconsciencia que no me deja tranquilo.

Cierro el libro de forma jarocha(brusca), un trato que nunca le doy a mis libros, lo extiendo en la mesita y me sujeto del sofá como si una avalancha pasara por mí en ese momento, he llorado por más de cinco minutos, sí, es por Cecilia y estas noches infernales sin su compañía.

Suena el despertador, el sueño me ha abrazado por poco más de una hora, después del llanto regresé al dormitorio y traté de enfocarme en alguna película hasta que las horas transcurrieron y el cansancio hizo su suplicio. Pero ya es mañana y tengo que cumplir con mis deberes aunque adeude horas de sueño a este cuerpo que no se la pasa nada bien estos días.

Antes de salir he revisado mi ordenador, algunas páginas web de noticias, mi correo y una miradita al Facebook y lo primero que veo es algunos mensajes al muro de María Paz de algunos amigos en común “todavía no puedo creerlo” “me acabo de enterar y me parece mentira” “tan solo te nos has adelantado, ahora un angelito cuidará de nosotros”, es lógico concluir que María Paz a fallecido por alguna causa accidental que nunca llegan a mencionar del todo; la conocí en una salida con unos amigos y de ahí mi comunicación fue casi nula, solo saludos cuando el destino se cruzaba entre nosotros, su muerte me ha tomado por sorpresa pero anímicamente no me ha afectado.

Pero es ahí donde mi ser se atañe, se constriñe por una reflexión global, la muerte llega sin más, un día pisamos el globo terráqueo y al siguiente abonamos su tierra, es tan impredecible la muerte, más aún, hoy en día que el cronómetro de la globalización no nos deja ponernos quietos y nos sumerge en mayores riesgos por la adicción contaminante de las personas, que podemos salir hoy de casa y no regresar nunca.

¿Es así como me iría? Con estas noches de lágrimas y rabietas de tristeza porque Cecilia decidió marcharse porque ya no me quería, porque encontró alguien mejor o simplemente porque las cosas terminan sin más y no lo quiero asimilar.

¿Me voy así? Con este sufrimiento que llevo en mi pecho, como si el corazón fuera el órgano encargado de encontrar una razón que no hace más que preguntar ¿por qué?, que mis últimas noches han sido una tertulia de sacrificio por seguir queriendo sonreír cuando ya no hay quien me vea hacerlo, que mis horas de insomnio han valido la pena para ver pasar los minutos con angustias desesperadas.

La muerte no mide que tan bien te encuentras o no para llevarte, viene sin más, como el buen ladronzuelo que entra a tu casa y recién a la mañana siguiente descubres que has sido víctima de un robo, porque sentimos ironía al morir cuando partimos sin saber.

Otra vez me veo en ese trampolín, ¿Cuánto más podrá aguantarme?, que yo me veo muy seguro viendo el vacío, pero tal vez, el vacío lo cargo conmigo y aunque tenga miedo de saltar y no saber que encontraré allá abajo, sea lo mejor.

¡Salta! y siente ese aire que corre por tu cuerpo, por tus poros oxigenados, ese fresco de libertad que te da la vida por ese rostro que ha vivido y que debe seguir haciéndolo hasta que llegue el final, libérate de las tristezas que son pasados, que nada bueno trae la indecisión de no querer estar en el trampolín pero tampoco de saltarlo porque cuando menos te lo esperes la muerte llegará y depende de ti haber dado un salto feliz.


7 may 2015

Ojos de gata



Dedicatoria:
A la que un día me di cuenta que existía después que me la presentaron, la que no me llamó la atención la primera vez pero si todas las demás, a la niña que juega a tener amantes pero sin ser mujer de nadie, a la que destrona sin querer pero sabe que nunca podrá ser la reina, la que quiere ser la reina pero prefiere evitar la alcoba del rey, a la que podría reverenciar pero no lo voy hacer, la que un día te sonríe y al siguiente no, a la que se siente observada y actúa como si no, a la que observo y no me canso de hacerlo, la que me habla de amor pero se conforma con un hombre bueno, hombre bueno que no puedo ser yo, a la que le tengo confianza pero va a decir que escribí esto por ella, la que no me va a guardar el secreto porque no es conmigo, a la que susurra al oído lo que yo quiero escuchar, lo que quiero escuchar son sus besos en el mar, la que va a bailar “escápate conmigo” cuando “tengo la casa sola”, la que me habla de Ximena porque no conoce a Elena, la que le gusta morir en su ley pero se faculta algún vacío, siente algún vacío pero no lo va aceptar, la que me va a contar pero mejor más tarde, no lo va hacer porque ya fue suficiente.

 
 
Ojos de gata
 
La diatriba de la tarde
Ha injuriado
A la violencia que arde
Estos versos
 
Llenos de improperios
Malsanos
Injustos
Callados
 
Que se han detenido
Al verte venir
Pausado
Como lo eterno
 
Con la mirada
Verde felina
Que escala
Mi corazón en tus garras
 
 
 
 

25 mar 2015

Propuesta indecente


En memoria de W.

Era un día de lluvia, contradictorio, porque había un cielo celeste ardiente; pero los dos lo sabían, era cuestión de horas para que el gris de las nubes cargadas se abalanzara sobre ellos, pero lo más contradictorio aún… era que ellos esperarían a que esto suceda.

Un árbol tuberculoso les hacía sombra, por mucho andar, se habían detenido en un parque medio moribundo, ahí se habían echado a placer entre el verde pasto y las barandillas oxidadas del contorno, era la parte más alegre del parque, por más que las flores no existieran, alguna mala yerba se veía pintoresca.

Hace pocos días que se habían conocido, un día ella se le acercó y lo encaró, toda la tarde se la pasaron caminando por el centro histórico, ella no dejaba de contarle su vida y a él le parecía tan raro que una extraña le tuviera tanta confianza.

Ahora estaban ahí en el parque, sentados frente a frente contándose todo, de pronto ella se acercaba a darle un puñete por algo que él le había dicho y otra vez arremetía a propinarle un puñete, ¿no te duele? En el fondo le dolían sus golpes pero era bien machito y le decía que no, para nada, ¡venga! Pegue más fuerte.

Las risas flotaban entre los golpes y las jodas, de pronto, los dos se miraron: sí que era linda, su cabellera larga con risos dorados calzaban con esos ojos verdes abrazados de la tez blanca de su rostro. Ella se le quedó viendo, ¿Por qué usas barba? Preguntó, simple, me gusta, respondió él.

Tengo el ligero presentimiento que te ves mejor sin barba, claro, aparte que te pone encima como tres años más, me pregunto cómo serás sin barba, muero por verte rasurado, ¿tienes la quijada partida?, además que al saludarte me pican tus pelos, y ni siquiera la tienes ordenada, deberías si quiera rebajártela un poco, entiéndelo, no te queda bien.

No es cuestión de flojera, en serio me gusta estar así, jalarme a ratos los pelos del carrillo, palpar en el mentón esa esponja negra, jugar con los pelos del bigote, es más, quisiera verla más grande, no hay nada como verse en el espejo y sentirse cómodo, como ahora, acá, contigo, son cosas que uno nunca quiere dejar.

Si te afeitas te doy un beso, si, lo dijo, quería ver su rostro completo, tenía ganas de verlo.

¿En serio?

Sí, ¿me has visto con cara de mentirosa?, me parece justo, voy a sacarte de tu comodidad, un beso tal vez te haga sentir mejor.



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