Hace unos días vi un video, fácil
muchos lo vieron, desde la ventanita del avión alguien filma al muchacho
encargado de subir las maletas y quitar los conos de seguridad, ahí está el
muchacho, retirando el cono de seguridad y en vez de llevarlo y ponerlo encima
de los otros, él trata de encestarlo en la torre donde están los otros, ¡y lo
logra! Lo lanza y lo encesta, hace una señal con los brazos y levanta las manos
en señal de victoria, se le ve muy contento, tras tremenda encestada va
corriendo levantando las manos en señal de celebración y se tira en la tolva
del carrito de las maletas; él no tiene la menor idea que alguien ha
inmortalizado su hazaña en ese video, que alguien lo ha pillado saliendo de la
regla y que en ese acto juguetón, en estricto está rompiendo los protocolos de
seguridad aeroportuarios, ¡pero qué más da! Ha encestado el cono, lo ha
logrado, ¿Cuántas veces lo intentó? ¿Cuántas? O fue la primera vez que se salió
de la formalidad y en un tiro de suerte le dio al blanco, no lo sé, pero en ese
acto minúsculo de celebración se le nota todo el triunfo, tal vez no sea ningún
campeonato deportivo, tal vez no sea un gol en la final del mundial, es un acto
de un muchacho jugando a encestarle al cono y tras de sí, un momento de
felicidad, y es lo que vale, es la verdadera conquista, ser feliz.
He visto el video muchas veces,
me ha dejado un sabor de alegría y risa, una esencia de estar contento con el
triunfo del muchacho; tal vez pueda parecer un video más para pasar el rato,
indudablemente lo es, uno más del me gusta y del compartir, porque hay que
reírnos un rato con algún videíto y este sin duda lo es; pero es más que eso, es un momento en la vida
del muchacho en el cual ha sido feliz y sí, hay que detenernos en eso, porque
uno puede tener muchos problemas en la vida, puede que uno no tenga el mejor
trabajo del mundo, viva con lo justo para llegar a fin de mes o tu esposa te ha
dejado porque encontró el amor después de ti, pueden ser muchas cosas que te
encierren en la oscuridad y en la incertidumbre pero basta un acto distinto en
tu vida, un acto que rompe con la continuidad para sonreír, y no es solo una
alegría, es un “acto de felicidad”, ese acto en que los doctrinarios y teóricos
le han dado muchas vueltas para hallar durante siglos, para buscar una
estabilidad constante y trascendente del ser, esa que te dicen mil y un veces
que tienes que encontrar, tu dizque
verdadera felicidad, pero que equivocados estamos en buscar esa “trascendencia
permanente” cuando los podemos encontrar en actos sencillos, tal vez poco
convencionales, tal vez como jugando en darle al cono.
Y tal vez tú no lo entiendas, no
entiendas mi molestia del otro día y solo sepas agradecerlo mil veces; me comentaste que tenías que estar
en un almuerzo y me ofrecí llevarte, llevarte a comprar unas cosas para la casa,
después a la casa de tu madre y después al almuerzo y aunque a mí no me pareció
la gran cosa, el sol agobiante, el trafico caótico, las pistas tiras y el
tiempo perdido, a ti te pareció mucho gesto de mi parte.
Te fui a recoger del mercado de
la Antiquilla, ese barrio tan bonito y tan arequipeño, con casi todas sus
fachadas de sillar, tan antiguo y tan preservado, te vi andar por esa calle, y
me voy a permitir describirte en el paisaje, porque yo te vi en el paisaje,
mejor dicho, fuiste el paisaje. Ese espacio natural admirable por su aspecto artístico
que indica la RAE, te vi andar, con la melena suelta y un tanto esponjosa,
medio castaña clara con grisáceos negros, con tu tez blanca matizada con esos
ojos claros, muy claros, muy de felina, un collarcito negro en tu cuello pulcro,
tu figura delgada abrigada con un jersey negro algo suelto y un jean ajustado con
rayas a la altura de la rodilla, te vi andar en dirección al firmamento, tan
guapa y tan desenvuelta, como si el cosmos conjugara a la perfección en unos simples
pasos, tus pasos.
Podría sonar muy exagerado, muy
enamorado, pero yo te vi andar tan indescriptible que aunque haya intentado
hacerlo, muy poco he tecleado para tan bello paisaje.
En el camino me preguntaste que
tal estabas, tan solo atiné a sonreír y a decirte bien, escuchamos algo de música,
charlamos un poco y el tiempo pasó deprisa, en cuestión de minutos y cumpliendo
con el itinerario, ya estabas bajando del auto, algo tarde, para entrar a tu
almuerzo; en todo el trayecto y aunque no sea muy bueno manifestándolo, estaba
feliz que estuvieras a mi lado, bastaba con que hablaras algo, que a ratos solo
repitamos las letras de las canciones, bastaba un trayecto automovilístico cotidiano
y sin mucha trascendencia, para darme cuenta, que en el mundo no solo existían actos
que te hacían felices, también había personas, que con su sola presencia, con
su desprovista y sencilla imperfección humana, te hacían feliz, gracias por
ello.
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