2 sept 2018

La felicidad ja ja


Hace unos días vi un video, fácil muchos lo vieron, desde la ventanita del avión alguien filma al muchacho encargado de subir las maletas y quitar los conos de seguridad, ahí está el muchacho, retirando el cono de seguridad y en vez de llevarlo y ponerlo encima de los otros, él trata de encestarlo en la torre donde están los otros, ¡y lo logra! Lo lanza y lo encesta, hace una señal con los brazos y levanta las manos en señal de victoria, se le ve muy contento, tras tremenda encestada va corriendo levantando las manos en señal de celebración y se tira en la tolva del carrito de las maletas; él no tiene la menor idea que alguien ha inmortalizado su hazaña en ese video, que alguien lo ha pillado saliendo de la regla y que en ese acto juguetón, en estricto está rompiendo los protocolos de seguridad aeroportuarios, ¡pero qué más da! Ha encestado el cono, lo ha logrado, ¿Cuántas veces lo intentó? ¿Cuántas? O fue la primera vez que se salió de la formalidad y en un tiro de suerte le dio al blanco, no lo sé, pero en ese acto minúsculo de celebración se le nota todo el triunfo, tal vez no sea ningún campeonato deportivo, tal vez no sea un gol en la final del mundial, es un acto de un muchacho jugando a encestarle al cono y tras de sí, un momento de felicidad, y es lo que vale, es la verdadera conquista, ser feliz.

He visto el video muchas veces, me ha dejado un sabor de alegría y risa, una esencia de estar contento con el triunfo del muchacho; tal vez pueda parecer un video más para pasar el rato, indudablemente lo es, uno más del me gusta y del compartir, porque hay que reírnos un rato con algún videíto y este sin duda lo es;  pero es más que eso, es un momento en la vida del muchacho en el cual ha sido feliz y sí, hay que detenernos en eso, porque uno puede tener muchos problemas en la vida, puede que uno no tenga el mejor trabajo del mundo, viva con lo justo para llegar a fin de mes o tu esposa te ha dejado porque encontró el amor después de ti, pueden ser muchas cosas que te encierren en la oscuridad y en la incertidumbre pero basta un acto distinto en tu vida, un acto que rompe con la continuidad para sonreír, y no es solo una alegría, es un “acto de felicidad”, ese acto en que los doctrinarios y teóricos le han dado muchas vueltas para hallar durante siglos, para buscar una estabilidad constante y trascendente del ser, esa que te dicen mil y un veces que tienes que  encontrar, tu dizque verdadera felicidad, pero que equivocados estamos en buscar esa “trascendencia permanente” cuando los podemos encontrar en actos sencillos, tal vez poco convencionales, tal vez como jugando en darle al cono.

Y tal vez tú no lo entiendas, no entiendas mi molestia del otro día y solo sepas agradecerlo  mil veces; me comentaste que tenías que estar en un almuerzo y me ofrecí llevarte, llevarte a comprar unas cosas para la casa, después a la casa de tu madre y después al almuerzo y aunque a mí no me pareció la gran cosa, el sol agobiante, el trafico caótico, las pistas tiras y el tiempo perdido, a ti te pareció mucho gesto de mi parte.

Te fui a recoger del mercado de la Antiquilla, ese barrio tan bonito y tan arequipeño, con casi todas sus fachadas de sillar, tan antiguo y tan preservado, te vi andar por esa calle, y me voy a permitir describirte en el paisaje, porque yo te vi en el paisaje, mejor dicho, fuiste el paisaje. Ese espacio natural admirable por su aspecto artístico que indica la RAE, te vi andar, con la melena suelta y un tanto esponjosa, medio castaña clara con grisáceos negros, con tu tez blanca matizada con esos ojos claros, muy claros, muy de felina, un collarcito negro en tu cuello pulcro, tu figura delgada abrigada con un jersey negro algo suelto y un jean ajustado con rayas a la altura de la rodilla, te vi andar en dirección al firmamento, tan guapa y tan desenvuelta, como si el cosmos conjugara a la perfección en unos simples pasos, tus pasos.

Podría sonar muy exagerado, muy enamorado, pero yo te vi andar tan indescriptible que aunque haya intentado hacerlo, muy poco he tecleado para tan bello paisaje.

En el camino me preguntaste que tal estabas, tan solo atiné a sonreír y a decirte bien, escuchamos algo de música, charlamos un poco y el tiempo pasó deprisa, en cuestión de minutos y cumpliendo con el itinerario, ya estabas bajando del auto, algo tarde, para entrar a tu almuerzo; en todo el trayecto y aunque no sea muy bueno manifestándolo, estaba feliz que estuvieras a mi lado, bastaba con que hablaras algo, que a ratos solo repitamos las letras de las canciones, bastaba un trayecto automovilístico cotidiano y sin mucha trascendencia, para darme cuenta, que en el mundo no solo existían actos que te hacían felices, también había personas, que con su sola presencia, con su desprovista y sencilla imperfección humana, te hacían feliz, gracias por ello.

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