- Mamá voy a salir sola.
Te observó de pies a cabeza niña, sí niña, para sus ojos siempre lo serás, pero ya eras toda una mujer, con esas caderas anchas y llamativas, con senos pequeños, genéticamente a la madre; tus labios, todavía sueño con esos labios y una ternura de inocencia en ese rostro canela.
Estabas lista para la calle, con un vestido corto y pegado, donde la figura del cuerpo daba ese molde de desnudez; no, no vino, te dejo plantada, ni llamada, ni siquiera un mensaje en el contestador, ¿Qué esperabas niña?, no iba aparecer, si lo seguirías esperando, la noche te sumergiría en el cansancio. Tomaste una decisión, marcharte, sí, sola.
Te vio partir en taxi de empresa, un rostro de preocupación, un cuídate de amor, ya lo andaba aceptando, tu primera salida en solitario, sin naipes que te acompañen al juego, tus agallas con pausas de timidez, ¿Quién no le teme al mundo el día de hoy?
Dejaste de pensar en él, no lo merecía, el abrigo largo y negro te acompañaba en esa cuadra de bullicio, donde los tacones altos desfilaban en losetas de piedra, las puertas invitaban a no pedir permiso para entrar, el viento tiritaba al compás del campanario, y antes de llegar a la esquina, desapareciste.
Te acercaste a la barra, misma película, te depositaste en un banquillo, ¿querías tequila?, preferiste una cerveza, el ritmo electrónico no te contagiaba, preferías la estética dureza de la lentitud, a paso de caracol, acariciabas la etiqueta de cusqueña; ¿soñabas? Sí, claro que sí, a tu izquierda había una mujer, el banquillo de la derecha andaba libre y tú ya te imaginabas ver a alguien ahí.
No al galán moderno y desvergonzado, ni querías verlo aparecer al que nunca llegó, mucho menos de los recuerdos de meses atrás, soñabas con el chico extraño que compacta con tu mente, el que te intrigaría en el pensamiento, el desconocido exacto, el del sello real.
Me acerco con aroma a mareado, ni siquiera intento sentarme en el banco, llamo al de la barra, ¿tienes cigarros?, ¿Cuánto están?, escucho el precio, le digo “no gracias”, volteo y te veo, te sonrió y te digo “¿están caros los cigarros no?” Y me marcho dejándote el olor que traía conmigo.
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